ÀOMC la œltima oportunidad?

 

 

 

Desbloquear el ciclo de Doha

 

29 de junio de 2006: los miembros de la OMC se reunieron en Ginebra para intentar reactivar el ciclo de Doha, iniciado el 2001, para liberalizaci—n del comercio, con el fin de apoyar el desarrollo de los pa’ses m‡s pobres. Una mejor integraci—n al comercio mundial debe contribuir a la reducci—n de la pobreza.

 

El objetivo buscado, presentado como la œltima oportunidad del multilateralismo, es de llegar a decisiones, con cifras, sobre 3 puntos de las negociaciones: la reducci—n de los derechos de aduana sobre los bienes agr’colas y los productos industriales y el monto en las reducciones a las subvenciones agr’colas internas (en oposici—n a las subvenciones para las exportaciones para las cuales se lleg— a un acuerdo en Hong Kong en diciembre de 2005).

 

Decisiones dif’ciles

 

Para la Uni—n Europea, todo depender‡ de la posici—n de los Estados Unidos y en particular en lo que se refiere a sus ayudas agr’colas.

 

Los Estados Unidos y el Brasil, como los otros exportadores de productos agr’colas, esperan de la UE una nueva oferta sobre la reducci—n de sus derechos de aduana. çmbito especialmente delicado para Suiza y para el G 10, pa’ses que importan masivamente productos agr’colas y que, por esta raz—n, desean una fuerte protecci—n de su producci—n.

 

Los pa’ses desarrollados desean que el G 20 (pa’ses emergentes agrupados detr‡s de Brasil) den un paso hacia una amplia apertura de sus mercado a la importaci—n de los productos industriales.

 

La agricultura, la discusi—n que envenena el ciclo de Doha

 

Los 760 parŽntesis que se encuentran en la versi—n preeliminar’a del texto sobre la agricultura son los puntos controvertidos.  Muestra que no existe casi ningœn acuerdo sobre los temas en negociaci—n.

 

A partir de el 29 de junio, las 6 principales fuerzas en enfrentada (los EE.UU, UE, Brasil, La India, Australia y Jap—n) se separaron sin dar la menor se–al de su voluntad para seguir adelante.

 

Los m‡rgenes de maniobra a disposici—n del Sr. Mandelson (Comisario europeo encargado del comercio) son muy estrechos en materia de reducci—n de los aranceles aduaneros sobre los productos agr’colas, Francia se opone a nuevas concesiones susceptibles de cuestionar la Pol’tica Agr’cola Comœn.

 

El espantap‡jaros del  2007

 

Las futuras elecciones en Brasil, en EE.UU y n Francia complican toda posible salida r‡pida de la crisis y a medida que las semanas pasan  se hace m‡s dif’cil la posibilidad de un acuerdo.

 

El tiempo se acorta, antes del la expiraci—n en junio de 2007, de la autorizaci—n que dispone la administraci—n Bush para negociar en nombre del Congreso. El TPA (Trade Promotion Authority) es, en efecto, una ley americana que autoriza al Presidente a lograr acuerdos comerciales sin que puedan ser enmendados por el Congreso.

 

Las ayudas agr’colas causan el fracaso de la liberalizaci—n del comercio.

 

Si poder desbloquear las negociaciones enfrentadas y no pudiendo encontrar la buena f—rmula sobre las cuestiones agr’colas el Sr. Lamy (Director General de l Õ OMC) debi— decidir, el lunes 24 de julio, a suspender el ciclo de Doha, lanzado en Qatar en 2001.

 

Este fracaso result— m‡s estrepitoso ya que los dirigentes del G8, una semana antes, en San Petersburgo en Rusia, hab’an hecho un llamado a fijar las grandes l’neas de un compromiso, hasta mediados de agosto, con el fin de cerrar las negociaciones antes de fin de a–o.

 

ÀQuiŽn es responsable?

 

Cada delegaci—n responsabiliz— a los otros del fracaso.

EE.UU inflexibles sobre el apoyo a su agricultura decepcionaron a la UE.

La UE  se preparaba a ignorar las advertencias de Francia que consideraba que el Comisario europeo hab’a ido a los l’mites extremos de su mandato.

Fuertes tensiones revelaron las divergencias importantes entre los distintos miembros de la OMC: de las prioridades ligadas al desarrollo, el hincapiŽ se desplaz— sobre la importancia del acceso a los mercados.

 

 

 

POSICION DEL MIJARC y DE LA FIMARC

en relaci—n con este evento

 

 

 

ÒLleg— el momento de aceptar la derrota de la agenda de Doha y tener nuevos aires en materia de normas comerciales multilaterales capaces de servir lo mejor posible a las necesidades del desarrollo y de colocar el ser humano en el centro de la pol’tica comercialÓ.

 

Desde hace muchos a–os, el FIMARC y el MIJARC hacen hincapiŽ en la necesidad de incluir estos 2 requisitos: las necesidades del desarrollo y el lugar central del ser humano en el coraz—n de las negociaciones.

 

El reciente fracaso de la OMC en su tentativa de encontrar un acuerdo sobre los 3 puntos de negociaci—n a la agenda del encuentro de junio es la prueba que ninguna negociaci—n duradera y satisfactoria para las mayor’as ser‡ posible si no se toman en cuenta estos criterios.

 

Podr’amos alegrarnos de este fracaso ya que, en cierta medida, m‡s vale que no hayan decidido nada a tener decisiones que podr’an, dentro de un tiempo, costar caro a los pa’ses en desarrollo.

 

Una reanudaci—n de las negociaciones, segœn Sr. Lamy, se har‡ Òsolamente cuando los pa’ses miembros estŽn dispuestos a jugar el juegoÓ. En su esp’ritu, los EE.UU se deben comprometerse a bajar las subvenciones a sus agricultores, los europeos deben reducirse los derechos de aduana sobre las importaciones agr’colas y los pa’ses emergentes, como Brasil, India y China, deben hacer lo mismo sobre los productos industriales.

 

Apoyamos esta posici—n esperando que los pa’ses miembros de l Õ OMC podr‡n entablar negociaciones, respetando su compromiso e inscribiendo como primer criterio la soberan’a alimentaria de los pa’ses, para conseguir as’ una organizaci—n del comercio que tenga en cuenta los intereses del los m‡s pobres y permita que todos puedan satisfacer su necesidades m’nimas, y de vivir en la dignidad.

 

 

Junio de 2006